ANTORCHA LEONCIOPRADINA
DECIMOSEXTA
PROMOCIÓN CMLP
DIRECTOR: Rodolfo Mendoza
CAMINANDO Y
SOÑANDO CON TIEMPOS DE GLORIA
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Padre tengo que
salir ¿No quieres pasear? voy por la Costanera…
-
Sí hijo sí, ya
me aburre mi cuarto, además es la zona que amo.
Lamía un caramelo de paleta y reía gozoso por ello, mientras
gozaba el mirar de calles tan llenas de recuerdos inolvidables. La visita que
debía hacer mi hijo estaba por donde los tranvías acoplados de antaño
terminaban su recorrido diario en Magdalena y es donde los ómnibus de nuestra
alma mater nos aguardaban todos los fines de semana para nuestro retorno a
nuestro querido colegio militar.
Le pedí a mi hijo que haga su visita solo, que yo lo aguardaría
paseando por lugares que amaba desde adolescente. Caminando y admirando el
cómo, casas tan antiguas continuaban sus existencias bien conservadas. Encontré
un pequeño parque muy limpiecito con bancas antiguas de color blanco y me senté
en una de ellas y mirando el imponente mar de Grau suspiraba, soñando despierto
con aquellas caminatas obligatorias los días sábados que tocaba maniobras
militares y marchas de campaña como fin de las actividades castrenses semanales
para luego vestir de caballeros cadetes y salir de paseo por fin de semana.
Vinieron a mi mente caritas felices de jovencitos que cumplían
sus grandes sueños de vestir el glorioso uniforme de caballero cadete del Colegio
Militar Leoncio Prado. El “Lorito” Cuba Solari ya bien acriollado militarmente
fregaba la pita a nuestro querido Napoleón Ruíz, quien le hacía el ademán de
querer darle una paliza con sus puños que mantenía cerrados y amenazantes,
nuestro querido Lorito de ojos celestes ya no se “chupaba” ante nadie…era ya
todo un valiente soldado leonciopradino. Todos los de la primera sección
sonreíamos al ver todo avalentonado a nuestro querido Eduardo Cuba Solari.
Atrás quedaban los primeros días de sustos y miedos por no conocer aún las
viejas tradiciones leonciopradinas.
Miré el ondonear de las crestas de las olas del mar, veía el
majestuoso e imponente océano como aquellos maravillosos años en que nos
encontramos, en que nos hermanamos para siempre: los blancos, cholos, mestizos,
chinos, negros y gringos del extranjero que logramos ingresar al glorioso
Colegio Militar Leoncio Prado, sí conformamos un batallón de soldados que
estaban dispuestos a defender la patria y dar la vida si fuera necesario por el
hermano, el compañero de cuadra, de formación, de aula, etc, etc..
Suspiré y mis cansados ojos quisieron dejar salir unas lágrimas
de hombre, de hombre que amaba a sus hermanos, a su alma mater, a su patria. Ya
no nos vemos diariamente, ya no sentimos la corneta de las seis de la mañana,
tampoco jugamos al despertar tirándoles almohadas y borceguíes a los más
dormilones como Oviedo y Chaccha Hermoza. Sin embargo, nos basta entrecerrar
nuestros ojos para volver a ese glorioso y hermoso pasado Leonciopradino.
Hoy ya ancianos, pero muy jóvenes en amor fraterno, seguimos con
ese principio de lealtad leonciopradina para todo lo que signifique el bien en
general, jamás dejaremos en el olvido las demostraciones de confraternidad,
lealtad que continúan dentro de nuestros corazones, pero en lo correcto, jamás
una mentira, siempre la verdad, ante todo. Sólo habían pasado dos semanas de
internados en nuestro inicio de caballeros cadetes del CMLP y uno de mis
hermanos más queridos – Dante Balleggi – me dio una demostración de lo que
aprendimos, de lo que significa ser hermanos de promoción. Se realizaría una
Kermesse organizada ´por los técnicos de la XIV CMLP – nuestras queridas vacas
– en nuestro primer mes en nuestra alma mater. Dos técnicos nos hicieron
interrumpir una misión para que arreglemos camarotes, enceremos y lustremos el
piso de una de sus cuadras para albergar a las alumnas del Mater Admirabilis
que participarían en una Kermesse pro XIV CMLP. Le ordenaron a Balleggi que se
retire y cumpla la misión encargada por nuestro instructor militar. El Dante no
se movió y solicito quedarse para apoyar a su compañero de promoción en la
orden recibida, me quedé sorprendido y me llené de admiración por esa actitud
fraterna que ya empezaba a caracterizar a la XVI CMLP. Por desacato al no
retirarse recibió dos “ángulos rectos”, pero pude ver en los ojos de los
técnicos una gran admiración por ese cadete recién ingresado a nuestra alma
mater. Nació allí una gran amistad fraterna entre el Dante y el Tombito y
además la comprensión de lo que significa LEALTAD.
¡SEGUIREMOS BRILLANDO SIEMPRE, COMO AZUL HOGUERA!
Rodolfo
Mendoza
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