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sábado, 22 de agosto de 2026

ADELANTE ARTILLERO

                                                             


      ¡ADELANTE…ADELANTE ARTILLERO!

  ¡QUE ARROGANTE MANEJAS EL CAÑÓN!

Queridos hermanos de la XVI CMLP, se están cumpliendo ya 67 años de ese inolvidable año 1959, en que una nueva promoción, la Decimosexta, se alojaba en las cuadras de tercer año en ese viejo cuartel Guardia Chalaca, de La Perla – Callao.



Dimos como postulantes todo lo mejor de nuestra preparación física y de conocimientos. Soñábamos durante todo el segundo de secundaria y concurso de admisión, el poder vestir el hermoso uniforme de cadete leonciopradino, para ello nos preparamos con gran entusiasmo: físicamente, en conocimientos y cultura. Fue así como ingresamos de acuerdo al Cuadro de Méritos en donde figuraban los cadetes con beca completa y semibecados.

Qué diferente a los pabellones de mi G.U.E. Pedro A. Labarthe a donde llegaba con la bici de mi hermano mayor. Si mal no recuerdo llegamos casi a mil postulantes, mi querida madre trabajaba para el Estado Mayor del Ejército y conocía que los tarjetazos eran necesarios para el examen de entrevista personal, nada lenta me llevó a presentarme al coronel director quien firmó en todos mis documentos de presentación como postulante. Mi padre me advirtió diciéndome que muchas de esas tarjetas iban al tacho o papelera y que ellas servían más que nada si pasaba el examen escrito y llegaba al de presencia, así que debía estar bien preparado en conocimientos y cultura, sobre todo.



“Caritas felices de chicos de 13 a 15 años ya leonciopradinos”

Nuestro monitor (brigadier de quinto año) era Jorge Vega Boggio (+) en ese entonces hijo del nuevo coronel director Eduardo Vega Castro del arma de artillería, así como los otros monitores de sección quienes nos recibieron de acuerdo a sus propios conceptos de tener a cargo la responsabilidad de adiestrar militarmente a un nuevo contingente Leonciopradino.

Fueron 30 días entre los cuales cada uno de nosotros tuvo su propia experiencia. Tengo siempre que cierro mis ojos en las noches el retroceso obligatorio y vuelvo a escuchar ese ruido de abrir y cerrar de puertas de los roperos, así como el clásico olor a jabón carbólico y de la cera roja con las que teníamos “chillándito” los pisos de nuestras cuadras o dormitorios. Gran nostalgia a nuestros ochenta y tantos años de hoy en los que recordamos tres años maravillosos.



Cadetes novatos de tercer año, hoy grandes profesionales, orgullos de la XVI CMLP.

Poco a poco nos fuimos adaptando a la vida militar, jamás olvido un noble gesto de uno de nuestros hermanos de promoción quien ingresó becado gracias a su dedicación al estudio, tuvo la generosidad de ceder su gratuidad mensual a uno de nuestros hermanos que lo mereciera. Así fuimos conformando una de las promociones más unidas de todos los tiempos. En mi cuadra también hubo generosidad de parte de Luis Hermoza, quien, dejando su ropero con candado fácil de abrir, repartía sus exquisiteces que le enviaban de encomienda desde su Cusco querido. Ojo, tomamos conocimiento, jamás supimos quién o quiénes fueron los favorecidos.

 



Marcha de campaña, poco a poco nos convertimos en soldados.

Durante los dos primeros meses llegamos a convertirnos en verdaderos soldados, “sufrimos” el cambio radical de nuestras vidas, nos disciplinaron tanto así que en el comedor cedíamos nuestras mejores presas de nuestros alimentos a nuestros jefes de mesa, nos hacía “feliz” el tener que embetunar y lustrar los botines de las “vacas” y “chivos”, nos alegramos el aprender a tender en cantidad las camas de los “jijun…perdón de nuestros queridos cadetes superiores del CMLP. Gracias a esas actividades nos olvidamos del “ángulo recto”.

Entre las “buenísimas” actividades que he descrito, llegamos por fin a ser perfectos en la formación, destacados en el orden cerrado y sobre todo asimilamos la excelencia del paso marcial que caracteriza al cadete del Colegio Militar Leoncio Prado.

 

        Los oficiales tenían la orden de adiestrar conscientemente a nuestro tercer año de 1959, ya que se conmemoraba el Día de la Artillería” a la que pertenecía nuestro coronel director, así que recordamos el cómo nos exigieron en llegar a marchar excelentemente, así como aprendernos la letra del himno de la artillería.

Todo el adiestramiento militar, la obligación de aprender la letra del “Himno de la Artillería”, tenía como finalidad darle una sorpresa al coronel director Eduardo Vega Castro y así fue tal como todos nosotros lo recordamos, nos hicieron formar y nos llevaron marchando al “Auditórium Simón Bolívar”, donde le cantamos su himno a nuestro querido coronel director… “¡Adelante, adelante artillero, que arrogante manejas el cañón!” …quién quedó sorprendido y agradecido con esa muestra de afecto de sus subordinados y batallón de tercer año. Fue nuestra primera gran misión militar que cumplía con ejemplar patriotismo nuestra amada Decimosexta Promoción del Colegio Militar Leoncio Prado.



Desfile Militar en 1960 ya completamente formados militarmente.

Cuando ya cursábamos el cuarto año podíamos desfilar en las ceremonias oficiales y como cada año que surgía el batallón de desfile del Colegio Militar Leoncio Prado destacaba, siendo reconocido no sólo por el público asistente, sino además por embajadas de diversos países y autoridades civiles y militares de nuestra patria.

 



Por obligación y como reconocimiento militar, nuestra institución educativa el Colegio Militar Leoncio Prado está incluido cada año para la Gran Parada Militar de Fiestas Patrias del Perú, honor el que le hacemos a nuestra patria, ya que jamás dejamos de ser reconocidos como una de las mejores instituciones militares que desfila con gran sentido patriótico y belleza castrense dejando bien en alto nuestra siempre efectiva participación en todos los desfiles militares al que asistimos oficialmente.

Hoy estamos cerca del Aniversario de creación de nuestra alma mater el Colegio Militar Leoncio Prado. Sé con certeza que volveremos a desfilar elegantemente y con nuestro clásico paso de desfile… el paso de vencedores.



Gallardía y sincronización es lo que siempre destaca nuestra escolta de la XVI CMLP.

Caballeros, no únicamente destacaremos militarmente, sino que además y como siempre a cada paso de desfile nuestro, se oirán el soplar del viento sobre las rocas de la Costanera y el dulce piar de las palomas blancas de siempre que sobrevolando nuestra marcha nos cantarán… ¡Viva la Dieciséis! 


 


 

Nacimos mis queridos hermanos en el año 1959 para conformar una familia llamada la Dieciséis del CMLP.

Los años pasarán, las olas del mar continuarán golpeando las rocas de la Costanera, los vientos continuarán soplando eternamente y jamás se dejarán de oír en las viejas cuadras del pabellón Dullio Poggi, de nuestra alma mater… ¡PRESENTE LA DIECISÉIS!



SEGUIREMOS BRILLANDO SIEMPRE…

 ¡COMO AZUL HOGUERA!

 



  





Rodolfo Mendoza

      

miércoles, 8 de enero de 2025

AÑORANZAS DE UN LEONCIOPRADINO

 

        AÑORANZAS DE UN LEONCIOPRADINO

                            


     


Se acaba el mediodía de hoy domingo 26 de agosto del 2017 y suspiro hondamente al ver la última fotografía que publica Jorge Seminario en el Facebook, culminó el desfile del reencuentro de todas las promociones egresadas del Colegio Militar Leoncio Prado. Miro el lugar en el que me encuentro y todos los muebles, cuadros y adornos con que lo he ido embelleciendo, me parecen sin sentido, salgo a caminar y el viento enfría mi cuerpo, me froto las manos tratando de sentir calor, pero es en vano, mis sentimientos llenos de añoranzas pasadas me entristecen, me hacen volver a tiempos hermosos. Llego a la plazuela donde siempre esta tierra hermosa me acoge y consuela. Sentado en la misma banca de siempre observo sus jardines y noto cómo algunas flores se marchitan y otras empiezan a florecer y me digo: “Es la ley de la vida, mientras unos cumplen su ciclo, otros empiezan a desarrollarlo”.

 

         


Era el año 1959 y cuatrocientos adolescentes llegábamos con nuestras alforjas llenas de ilusiones y proyectos para nuestras vidas castrenses, que se iniciaban ese año en el mes de marzo, una vez instalados comenzamos a experimentar que no sólo era vestirse de cadete con el hermoso uniforme azulino de 21 botones dorados en el pecho, era además vivir la experiencia de una vida militar al cien por ciento, todos vestíamos iguales con uniforme beige y borceguíes negros, todos cumplíamos los diversos servicios castrenses que regía en nuestro centro educativo. Recuerdo cómo la mayoría de la promoción aguantaba estoicamente las disposiciones llamadas fuera de lo normal: “Angulo recto cadete o veinte planchas, usted diga”, “¡Cadete de tercero, rumbo a las cuadras de cuarto año…marche!”, “Cadete cánteme una canción de Julio Jaramillo, es que estoy enamorado”, “Cadete, está usted invitado a mi cuadra a tender cuarenta camas”, “Cadete cuádrese bien, que le voy a sacar la cristina estando usted en posición de atención”, “Cadete, sí, usted cadete, camine a mi costado, pero llevando mis libros con rumbo a las aulas”, eran las tradiciones que se fueron creando año tras año desde que ingresó la primera promoción. Poco a poco fuimos pasando de novatos a cadetes experimentados en formación, en marchar y los toques de diana a las seis horas o antes ya no nos afectaban, antes de esa hora cuando el último servicio de imaginaria nos pasaba la voz ya estábamos debidamente uniformados. Sólo el Piña Urbano se quedaba retrasado por algún motivo y pagaba las circunstancias. Los graciosos por naturaleza nos acomodaban el día con sus ingeniosas bromas de siempre. No dejamos de comentar en cada reunión que los días martes era el único día de la semana en que almorzábamos pescado, pero con menestra y los días viernes era el día del mejoramiento de rancho y nos servían hasta helado al mediodía, por las tardes en la cena de los postres de melocotones únicamente saboreábamos la miel, por lo angurrientos que eran los jefes de mesa. Gozamos la amena tertulia del comedor como cadetes de tercero, cuarto y quinto año. Nos acostumbramos a la rutina diaria de nuestro amado e inolvidable cuartel.

        


Comienza a garuar en la plazuela y me veo vestido con el capotín verde en el servicio de imaginaria, aquí se escucha el retumbar del trueno y se ve la luz que reflejan los rayos, ya no me dan miedo, solo pongo las manos en mi casaca y retorno a mi cuarto en donde después de secarme, abro la ventana y al mirar cómo corren los parroquianos, me parece ver el ir y venir de formaciones que pasaban por el frontis del pabellón central del CMLP en días de lluvia. Habiendo vivido plenamente nuestros tres años inolvidables en nuestra alma mater a todos los leonciopradinos, hoy en nuestro diario vivir existen momentos en que al ponernos a recordar nos parece ayer, sí sólo ayer el haber estado en el viejo cuartel Guardia Chalaca. Siempre respiramos ese olor a mar que emana siempre de la Costanera y vemos a cada momento la misma neblina que llegaba todas las noches y se acentuaban cuando ejercíamos el turno de imaginaria, la “gozábamos” más cuando por algún motivo nos castigaban y hacíamos plantón en casi la entrada por la costanera, muy cerca de la oficina de guardia. Muy pocos nos atrevimos a ingresar a conocer lo tétrico que era en su interior el edificio denominado la Atlántida, que después llamaron la Siberia. Ese olor a cera, jabón y grasa con que le dábamos mantenimiento a nuestros fusiles, jamás lo dejaremos de sentir, nos acompañará siempre cuando buscamos los hermosos recuerdos de un excelente colegio militar y de amadísimos hermanos con los que siempre tratamos de vernos, aquí en el Perú o en el extranjero, van y vienen nuestros hermanos de la Legión Extranjera, como llamamos a quienes han hecho sus vidas fuera del país, pero en cada vez que vuelven a su nido, sienten lo hermoso que significa ser…Un leonciopradino.



Hace unos días recordamos los cumpleaños de Javier Serván Rocha, Humberto León Navarro y Mario Viacaba, también las partidas de Oscar Pinto con José Sánchez García, me emociono y evito las lágrimas, prefiero ver al Camión Viacaba, en toda su magnitud, fue un defensa duro de pasar en la selección de fútbol del CMLP, se comprendía con Alberto Angulo, quien recibía las pelotas que le hacía llegar Mario y se iniciaba la distribución y jugadas que aplaudíamos con alegría, con admiración y orgullo, un Flaco Deza inigualable en el arco, una Tortuga Benavides que poseía un “dribling” genial y que de taquito se la pasaba a Carlos Córdova, nuestro gran Chato del Callao, que era un rompe cabezas para el equipo contrario. Pucho Vignolo, nuestro bachiche de la primera, le encantaba parar la pelota con el pecho, mirar y centrársela al mejor delantero colocado en el área chica de cuarto o tercer año. Estos recuerdos me hacen vivir y sentir felicidad por mi promoción…la gran Dieciséis, no, no quiero llorar, quiero decirle a la noche, quiero cantarle a los ángeles que mi Decimosexta, sigue completa, viva y siempre dispuesta a reencontrarse como siempre, por más lejanos que estén, por más que existan imposibles, siempre nos buscamos, siempre llegamos a la pista central del nuestra alma mater, siempre nos sentamos juntos como antes en el comedor y volvemos a cumplir ese rito sagrado que nos une, que nos sigue hermanando personal o espiritualmente. Hoy, desfilamos nuevamente en nuestra pista central y volvimos a vivir esos años maravillosos, hoy volvimos a reencontrarnos como si no hubiesen pasado los años, hoy sellamos nuevamente esa gran hermandad que es eterna. También hoy volvimos a las mesas para compartir la misma alegría de aquellos jóvenes que compartían el orgullo de ser caballeros cadetes del CMLP.



Ya no son las noviecitas de cadetes quinceañeros, hoy son nuestras esposas quienes han llegado a compenetrarse con nuestro cariño a nuestra promoción leonciopradina y emulamos, tratamos de que todos los años celebremos nuestro reencuentro como … si nunca terminara nuestro baile de promoción y así será siempre, porque nuestra hermandad es imperecedera … “Nuestra historia vivida en el Colegio Militar Leoncio Prado, será siempre, lo más hermoso de nuestras vidas”.



 

Alto el pensamiento:

Rodolfo Mendoza

    XVI CMLP

 


 

viernes, 14 de agosto de 2020

FUERON MIL DIAS

 Apreciados señores de la XVI CMLP, les comunico que mi padre Rodolfo Mendoza, se encuentra mejor de sus males, Lima le afecta mucho por eso la sierra es para él su mejor lugar de recuperación. Les publico la narración que me envía para ustedes y la Asociación Leonciopradina. Envía saludos y lo mejor para todos ustedes. Un abrazo estimados hermanos de mi padre.

 

Atentamente,

 

Marco Mendoza G.

 

 

FUERON MIL DÍAS

 

Fueron mil días, sí, como lo decía el Pucho Vignolo, no hablaba de tres años sino de mil hermosos e inolvidables días en los que mantuvimos una maravillosa hermandad, entregada a su vida militar. Una vida castrense vestidos con el uniforme de la patria, aprendimos a ser solidarios primeramente y poco a poco llegamos a ser verdaderos hermanos de sangre.

Han trascurrido muchos años desde aquel inolvidable mes de Marzo de 1959 y sin embargo jamás podemos dejar de recordar nuestras alegres vivencias de lozana adolescencia y juventud, también hubieron momentos de tristeza que nos hicieron tener experiencias que ayudaron a madurar a ese escuadrón de soldados al que pertenecíamos. Llegamos a nuestra alma mater con mucha ansiedad por vestir el bello uniforme de botones dorados con gorra blanca, qué sorprendente realidad al vivir verdaderamente el ciclo de novatos o perros como se les dice al recién ingresado, llenos de sorpresas, angustias y añoranzas por nuestros hogares, pudimos soportar y superar aquellas viejas costumbres de cadetes superiores que vivieron y continuaron con ellas, aplicando con insistencia el bautizo obligatorio que también ellos vivieron en sus primeros meses de incorporación, sin embargo fuimos también capaces de soportar estoicamente esas añejas tradiciones que se iniciaron desde las primeras promociones que si las analizamos bien, podemos decir con seguridad que las mismas sirvieron para fortalecer nuestro carácter, al tener en ese año maravilloso la suficiencia para salir adelante superando vicisitudes que nos enseñaron a ser fuertes y no amilanarnos al enfrentar la vida del mañana que nos esperaría más adelante.

Suspiro hondamente aquí en mi lugar de reposo obligatorio por los males que me aquejan y me digo que fui feliz, muy feliz en esos mil días que ninguno de nuestra grandiosa promoción ha podido olvidar y que guarda con mucho cariño en sus corazones. Parece mentira pero a pesar de los años aún sentimos el olor a betún, a jabón carbólico, a cera, a alquitrán con lo que marcábamos nuestras prendas, a la grasa con la que cuidábamos nuestro fiel compañero, el fúsil Máuser y sobre todo ese inolvidable olor a mar con el que vivimos nuestros mil días de vida leonciopradina. Todos fuimos iguales, todos vestíamos el mismo uniforme, todos nos alimentábamos con la misma comida que nos  servían diligentes encargados en el comedor, todos vestíamos los mismos pijamas y descansábamos en la misma litera de dos pisos, todos ya sentíamos en su momento ese amor de hermanos, ese cariño a nuestro viejo cuartel Guardia Chalaca, llegamos a asimilar la vida militar que se iniciaba cada mañana después del toque de Diana para correr hacia el patio central y dar el saludo correspondiente y llamado de asistencia de todo el batallón de cadetes del Colegio Militar Leoncio Prado.

 

-       ¡BATALLÓN DE CADETES BUENOS DÍAS!

-       ¡BUENOS DÍAS!

-       ¡SUBORDINACIÓN Y CONSTANCIA!

-       ¡VIVA EL PERÚ!

-       ¡ATENCIÓN A LA LISTA!

-       ¡ATENCIÓN¡

Hoy, cada año, cada mes de Agosto nos volvemos a ver y juntos llenos de algarabía nos abrazamos, recordamos, sí, a pesar de los años a pesar de los males que podamos estar pasando volvemos a abrazarnos y como en ese entonces de los sesenta revivimos el gran cariño que no fenece a pesar de distancias, caminamos los compañeros de camarote, de cuadra, de aula, de formación, de la decimosexta promoción con el corazón gozoso que emana amor fraterno llenos de nostalgias por los lugares en que muy jóvenes caminamos cada mañana después de la diana o cada noche en los turnos de imaginaria. Fueron mil días inolvidables, jamás dejaremos de tener en nuestras mentes y corazones las marchas de campaña sabatinas, la chacota en las aulas antes de iniciarse las clases magistrales de nuestros excelentes profesores, la santa misa con nuestro asesor espiritual Harold Griffiths Escardó, las noches antes y después del toque de Silencio en las que se planeaban nuestros futuros, las tardes deportivas en nuestro estadio donde se hicieron grandes atletas que dieron lauros de campeones a nuestra alma mater y el Perú. Imposible olvidar momentos tan significativos, están muy adentro de nuestros cansados pero efusivos corazones llenos de amor fraterno que siempre, cada año se rejuvenecen al volver a estar en nuestro viejo cuartel que albergó a una grandiosa promoción cuyos componentes en cada reencuentro anual volvemos a esos maravillosos mil días, en los que compartimos diversas emociones de novatos, alegrías y  tristezas, satisfacciones militares, además complacencias educativas y sobre todo un gran sentimiento de hombres…el amor fraterno leonciopradino, que llevamos todos en lo más profundo de nuestro ser. Este año lamentablemente por motivos del flagelo de la pandemia que ataca a todo el mundo, no se realizará el reencuentro anual ni el desfile militar, lo que haremos es cerrar nuestros ojos y sin escuchar esta vez el grito militar de nuestro querido teniente Víctor Aguirre…“Visto tal punto”, veremos, sí, veremos a toda la gran decimosexta  promoción, única como siempre y prestos al desfile marchando al frente nuestra gloriosa escolta con nosotros que los seguiremos como cada año, rememorando grandes presentaciones de los años maravillosos.

Están presentes en nosotros cada uno de los mil días en que tuvimos la dicha de compartir inolvidables vivencias que siempre están presentes en nuestros más bellos recuerdos de una juventud que tuvo la oportunidad, el esfuerzo y la satisfacción de conformar una de las promociones más unida de todos los tiempos. Nuestro añorado cuartel Guardia Chalaca con sus cuatro viejos muros está siempre en las retinas de cuatrocientos, ahora, veteranos que guardan en sus corazones una etapa tan sublime que a pesar de ya no levantarnos cada día con el toque de Diana, vivimos siempre sintiendo que seguimos estando juntos y prestos al llamado de formación… para gozar de una… “Salida General”.

 

Sí querido Pucho, así como tú lo decías… fueron… Mil días maravillosos en nuestro inolvidable… Colegio Militar Leoncio Prado.

¡SEGUIREMOS BRILLANDO, SIEMPRE, COMO AZUL HOGUERA!

 

Rodolfo Mendoza

    XVI CMLP


domingo, 15 de octubre de 2017

LOS SUEÑOS SÍ SE HACEN REALIDAD



Rodolfo ‘Tombito’ Mendoza XVI CMLP


“La vida es sueño, y los sueños, sueños son”, decía Pedro Calderón de la Barca en su obra “La vida es sueño” a través del soliloquio de Segismundo. Y yo soñé una hermosa quimera, una bella ilusión, convertirme en caballero cadete del Colegio Militar Leoncio Prado. Fantasía de un adolescente que siempre quiso un poco más de lo que tenía.
Era el año 1958 y por mi barrio pasaban los cadetes del primer colegio militar del Perú, con ese hermoso uniforme con alamares y botones dorados con el escudo de nuestra patria. Dejaba yo de jugar al fútbol y la pelota pasaba por el arco convirtiéndose en gol que nos hacía ir perdiendo el partido. Los muchachos de Cinco Esquinas me reclamaban y yo, absorto, no les hacía caso.
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– Pelón, no sueñes, nosotros no podemos ingresar a ese colegio. Tendrás que terminar en el Pedro A. Labarthe, donde ya eres un crack del fútbol, además cuando regresas de clases pasas por la casa de tu amada y eso no creo que lo quieras dejar… Vamos, vamos Pelón, ponte en la defensa y ya no permitas más goles… ¡Apúrate que ya debe llegar el policía de tránsito y no nos dejará jugar!
Suspiraba hondamente y volvía al juego que tanto me gustaba. Los muchachos se reían y con sus dedos índices se tocaban la sien en señal que el pelón estaba loco con su sueño.
Un día sábado del mes de junio de 1959, la 1ra. Sección estaba en un corre, corre de las cuadras a los baños de aquel inolvidable Cuartel Guardia Chalaca…
– Tombito… ¿Sabes? te pareces a un tamal mal hecho, esa polaca está muy ancha y se te ve mal, anda mírate al espejo y te darás cuenta. La mía está bien, pero quiero algo más holgado, si gustas te la cambio. Toma pruébatela y tú me dirás si estás de acuerdo.
Fui al baño y la polaca me quedaba entallada, efectivamente me quedaba mejor y ya no se me veía como ese tamal que decía Dante Belleggi. Lo vi y mi polaca le quedaba ancha pero como es alto no se le veía mal. Sentí un hincón en el pecho. Eran los años en que a pesar de las bromas, de los insultos y “chapas”, existía una gran hermandad leonciopradina que hacía que estos gestos cotidianos nos iban haciendo cada vez más unidos, tal como hasta el día de hoy en que ya pasamos muchos de nosotros los setenta años y los intercambios de polacas de gorras, de mamelucos y borceguíes se han cambiado por otros gestos como el de entregar tarjetas de los almuerzos de los reencuentros de cada año para que asistan los que no pueden costearlas, así como también apoyos a los que están mal económicamente, otros con males de salud y apoyos para conseguir empleos, etc., etc.
Todos nos arreglábamos unos a otros con las caponas, abroche de cuellos y acomodar el correaje y gorra. Al fin ya estábamos tan igual que los cadetes de cuarto y quinto año, vistiendo nuestro uniforme de gala para salir de paseo. Quienes no habían obtenido el cordón rojo de distinguido o el dorado de honor, se prometían a sí mismo que para el segundo bimestre lo tendrían.

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Foto cortesía de José Luis Villavicencio ‘Pepelucho’ XIX
En esos tiempos no existían tantos parroquianos que utilizaban los tranvías de San Miguel a Lima los días sábados y yo iba en uno de ellos, de pie, con postura, con sobriedad y porte militar, asido de uno de los manubrios de los asientos. Mientras el tranvía pasaba por los barrios que conforman toda la Av. Brasil yo iba recordando cuando jugaba al fútbol con los chicos de Cinco Esquinas y veía pasar a los cadetes del CMLP. “Se hizo mi sueño, Señor. Gracias Dios mío por tu bondad”…
– Lucho, quiero hablar contigo como una madre que no quiere que su hijo no pueda cumplir un sueño. Rodolfo acaba de ingresar al Colegio Militar Leoncio Prado y tiene que matricularse para lo cual se necesitan seis mil soles. Yo le di permiso para que postule y lo he visto cómo madrugaba para estudiar solo, no ha requerido una academia de preparación y su esfuerzo ha sido recompensado. Sé que hice mal en no comunicarte, pero yo lo he ayudado con mi trabajo de costura en el Estado Mayor del Ejército, lamentablemente no alcanzó salir becado como era mi esperanza. Han postulado más de mil jóvenes y han ingresado 400. ¿Podremos apoyarlo?
– Cristina, cualquiera no ingresa a ese colegio, es un orgullo para mí, pero sabes que mi sueldo no lo permite. Seis mil soles ¿De dónde los saco por Dios? ¡No, no me mires así! Tú sabes que la plata de mi padre la maneja mi hermana y ella lo quiere todo para sí. Será imposible acudir a él, porque tendría que consultarle a ella y no lo aceptará.
Campoy era una Hacienda cuyos propietarios era la familia Rébora y Don Teodoro Mendoza Reyes era el caporal quien manejaba toda la peonada y demás servidores de la Hacienda, el hombre de confianza, de la rancia familia que lo quería mucho por su efectivo trabajo; él desconocía el gran sueño de uno de sus nietos.
Mi padre se limpiaba el polvo de sus zapatos ya que al haber caminado por el polvoriento camino que conducía a la Hacienda Campoy, se había llenado de tierra muerta. Se limpiaba la frente pero el sudor que sufría no era tanto por el calor sino por el temor o respeto que siempre tenía él y sus hermanos menores al viejo caporal, cuyo genio era de temer. Mientras esperaba al padre de los Mendoza, sorbía el agua del vaso que gentilmente le había alcanzado una de las concubinas del viejo mandamás y curaca absoluto de toda la servidumbre de la vieja casona que él ocupaba. 
Mi padre después de un buen tiempo vio por fin llegar a un jinete que cabalgaba, trotando con prestancia su inigualable caballo blanco con montura de fino cuero labrado y adornos de plata. Como siempre, con un hermoso sombrero de ala ancha, bigotes bien enrollados hacía arriba, con pañuelo blanco amarrado al cuello, cinturón también con adornos de plata y su inigualable fuete con el que nunca dejaba de golpear las botas camperas de color marrón confeccionadas en la Zapatería Vallejo, al costado del Palacio de Gobierno. Todavía estaba fuerte y de un solo brinco bajó de su caballo que relinchando se despedía de su amo al ser llevado por uno de los peones que lo acariciaba con esmero.
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– ¿A qué debo la alegría de recibir la visita del mayor de mis hijos? Espero que no sea dinero porque eso ya sabes yo no manejo.
– ¿Qué tal padre?, te saludo con mi afecto y cariño de siempre. He venido a traerte una feliz noticia. Tu nieto Rodolfo, como tú sabes es muy apegado a los estudios y ya terminó segundo de secundaria, siendo becado por sus exámenes al ingresar.
– Bueno, ese nieto es mi orgullo porque es el hijo del mayor de mis hijos, que yo sepa todavía tiene que terminar secundaria. Ah y quiero contarte que la familia Rébora me acaba de asegurar y ya estoy en planilla considerado como empleado y no peón u obrero como tú que no quisiste estudiar al igual que todos tus hermanos. Por esa alegría, orgullo y ejemplo para ustedes vamos a tomarnos una copita de pisco de pura uva.
– Padre con su venia, quiero decirle que Rodolfo acaba de postular e ingresar al Colegio Militar Leoncio Prado, fueron 1,200 y solo son 400 los que han logrado ingresar y entre ellos está tu nieto, papá, y quiero que me ayudes con la matrícula. Yo sé que Adela es la que maneja tu dinero, pero papá yo soy el hijo mayor y no se está cumpliendo con el mayorazgo, pero eso no te reclamo solo quiero que me ayudes con la matrícula cuyo dinero yo te devolveré. Tú sabes que Cristina y yo trabajamos, entonces, solo es un préstamo.
– Hummm… podríamos vender una de mis vacas y no molestar a Adela para que no se entere, porque ella no va a querer, tú sabes que ella no tiene hijo varón y por eso no quiere mucho a mi nieto. Ya no guardo dinero porque sabes lo que me pasó con uno de mis primos que me engañó con las monedas de oro que me dejó mi padre, ni yo mismo sé cuánto era ese dinero, pero por lo que tiene ahora tu tío, que sí estudió, debe haber sido una gran cantidad, por eso no quiero que mis nietos sean burros como yo. Mira, ya tengo la solución, el mayor de los Rébora está hoy día acá en la Hacienda, vamos a conversarle del asunto y estoy seguro que él nos dará la plata y después yo lo arreglo. No tienes que devolverme nada, eso es para mi nieto y espero verlo con su uniforme en una de las fiestas que siempre me hace tu hermana para justificar que ya no tiene la misma cantidad que cobra todos los meses en el negocio de la familia Rébora en Lima. Tú y tus hermanos se casaron jóvenes y no estudiaron y ya ves que es muy difícil poder sostener lo que quieren los hijos. En esta vida, si no estudias no llegas. El amor temprano, hace
daño, pero así es la vida. Vamos, hijo, vamos…
Con el transcurrir de los años, cuando decidí acompañar en sus últimos tiempos a mi querido padre, pude enterarme de todo lo que ocurrió cuando ingresé al CMLP y de otras vivencias que cada hombre tiene en su vida. Mi padre murió en mi casa, cumplí su deseo, me dijo: “Sólo cuando ya no pueda caminar, entonces me llevarás a tu casa para morir estando con mis nietos”. Se fue al cielo dejando en la puerta de su casa tres placas de profesionales, sus nietos que lo llenaron de orgullo en su querido y viejo barrio del Agustino.
Bajé del tranvía que era el urbano que llegaba hasta Cinco Esquinas y caminé al igual que aquellos cadetes de 1958 y vi a mis amigos jugando al fútbol. Ellos dejaron de jugar y muy alegres me felicitaban y me pedían que me cambiara para jugar con ellos. Me acordé entonces de lo que me dijo un nuevo amigo que era Teniente del Ejército: “Nunca olvides lo que fuiste, pero tampoco olvides quién eres en la actualidad”.
Regresé cambiado con la ropa que usaba siempre en mis querido Barrios Altos de aquella época y les dije:
– ¡Muchachos, tenemos la Pampita de Barbones… Allá, vamos allá, nos llenaremos de tierra y nos heriremos con los cascajos, pero no invadiremos la calle… Ah, y sobre todo le vamos a ganar a las “Lornas” de la Quinta Blanca!
– ¡Bien Pelón, ta bien… vamos muchachos, vamos a ganar!
Mientras corría, engolosinado, dominando la pelota, me decía… ”Nunca olvidaré que soy de Cinco Esquinas, pero tampoco olvidaré que soy un caballero cadete del Colegio Militar Leoncio Prado… Gracias, Dios mío”.

sue34Monitores de 5to. año, 1961 – XVI CMLP
¡SEGUIREMOS BRILLANDO, SIEMPRE, COMO AZUL HOGUERA!
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ANTORCHA LEONCIOPRADINA DE LA XVI PROMOCION

                                  ANTORCHA LEONCIOPRADINA                               ...