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jueves, 28 de julio de 2022

¡POPOTITOS, ADELANTE¡

 ¡Popotitos, adelante!

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hugopazos24@hotmail.com

I

Lucas se había acostado conforme las reglas del Colegio Militar lo estipulaban, a las 10 de la noche, pero era una ocasión especial, era la Semana Leonciopradina, al día siguiente tendría lugar la inauguración de las Olimpiadas internas del colegio, los cadetes trasnochaban preparando las pancartas, disfraces, vestimentas deportivas para la promoción, éstas, a falta de dinero, se conseguían con el teñido de los “vividies” que los cadetes usaban como prenda interior; todo era un jolgorio, algunos, inclusive, aprovechando del relajo, habían logrado introducir algunas botellas de licor, por supuesto prohibidas en el colegio.

!Buuummmmm…!  resonó, de repente, un tremendo petardo, era un cohetón que un condiscípulo le había arrojado en su cama, se despertó sobresaltado y furioso;

-¡Conche’su madre, quién fue carajo…¡ -Gritaba Lucas colérico-. Todos reían a carcajadas.
-Ya no jodas… y ven a divertirte, huevón -Le respondieron

-Puta mare… cómo joden…  -y se recostó nuevamente, aunque ya no podría conciliar el sueño durante toda la noche.

Con gran entusiasmo, sus compañeros prosiguieron con la tarea de preparación del corso del día siguiente,  continuando hasta altas horas de la noche.

II

Las tribunas del estadio estaban repletas, lógicamente los tres años ocupaban sus respectivos lugares por orden de antigüedad; los “perros” (3er.año) a un lado, los “chivos” (4to.) y las “vacas” (5to) en el otro extremo de la tribuna, todos ellos arengando a su respectiva promoción, se escuchaban silbidos, gritos, sobre todo las inconfundibles “bombitas” que caracterizaban a las barras del Colegio Militar.

Era tradicional en el colegio, las encarnizadas competencias de atletismo, podría decirse que el CMLP contaba entre sus filas a prestigiosos atletas escolares, quienes, además de recibir instrucción, recibían un trato muy especial, como salidas extraordinarias, además de un buen rancho y otras gollerías..
La competencia estaba por empezar, era una prueba de resistencia, los 1,500 metros planos y se encontraban en el partidor los mejores exponentes para la prueba, las promociones gritaban y gritaban, “bombitas” y más “bombitas”, los atletas, nerviosos, esperaban la orden de los jueces para dirigirse al partidor. En un momento dado, apareció, con su cuerpo característico; pequeñito, delgado, muy delgado, por ese motivo se había ganado un apodo especial, sus compañeros le decían “popotitos”, por sus piernas “como un par de carrizitos”; como rezaba la canción, usando doble camiseta, que le flameaban como bandera, se acercó a los jueces y se inscribió como uno más en tremenda prueba.


En la tribuna, se escucharon gritos de desaprobación en su promoción, eran los “chivos” de la XXIV, quienes no podían creerlo

-¡Que hace ese huevón allí, carajo, sáquenlo, sáquenlo!  -se escuchaba…
Y seguían gritando…

-! Ta’mare… ese huevón no va a llegar nunca… sáquenlo.. -seguían vociferando…

Ya en la partida, los atletas nerviosos esperaban la orden, uno a uno fueron ocupando sus puestos, eran dos por promoción, era muy notoria la diferencia muscular de “popotitos” con el resto de competidores, sin embargo, con sus tremendos lentes, su camiseta flameando, ocupó el sitio que le correspondía en el partidor y muy lejos de amilanarse esperaba, muy quieto, solo se observaba su gran concentración en la espera del disparo del juez de competencia.


Al escuchar el disparo, salieron, raudos, los seis competidores, era una carrera muy reñida, los mejores exponentes, según se esperaba, se medían entre ellos, no arriesgando ni tratando de sacar ventaja, era las primeras de cuatro vueltas a la pista de atletismo, todos iban parejos, “Popotitos” pasaba totalmente desapercibido; sorpresivamente, estaba en la delantera, aunque sus competidores no le prestaban atención. Seguía la carrera, y entre los más destacados, sobre todo el campeón del colegio (5to año) y el mejor de 4to. (Hasta ese momento). Seguían midiéndose, sin percatarse siquiera del pequeño que a esas alturas de la competencia, les llevaba la delantera.
Se aproximaban ya a la última vuelta, los campeones empezaron a ajustase entre ellos, “Popotitos” seguía adelante, sin mirar atrás, seguía y seguía, empezó a sentir el esfuerzo, y seguía, sus piernas empezaron a temblar, el aire enrarecido entraba en sus pulmones como lenguas de fuego, sintió que no podía más, de repente, tomó un último  impulso, con un esfuerzo descomunal, logro sobreponerse, siguió adelante, y con su último aliento seguía primero a pocos metros de la meta, faltaban 30, 20 metros, y seguía adelante, sus compañeros en la tribuna,  sorprendidos ante tal hazaña, rugían, al costado de la pista, se escuchaba a dos de sus compañeros, el panameño Favio  y: -¡Sigue conchetu’mare… sigue conchetu”mare… Dale, carajo… dale, carajo…!
Y llegó, con el corazón en la mano, a punto de desfallecer, pero con una sonrisa inmensa, la que brinda el placer de la victoria. 

En sus asientos su promoción estalló en un grito de júbilo, rompieron la formación en la tribuna y corrieron a brindarle el saludo que se les da a los campeones. Lo levantaron en hombros y esa escena quedó grabada en todos nosotros como signo de superación, esfuerzo y amor por su querida promoción, la XXIV del Colegio Militar Leoncio Prado.

Quedó en nuestro pensamiento el recuerdo imborrable de su pequeña figura, su extraordinaria actuación en esa competencia, sobre todo, el inmenso coraje y tremendo corazón que lo llevó a la

Muchos ni sabían de su nombre, con gran cariño, lo empezaron a llamar desde ese triunfal día,  “Mil quinientos”, a secas…


III

-Hola mi hermano… cómo estás, pasa… pasa  repetía el anfitrión; uno a uno iban llegando a la casa -una bonita casa en Boca Ratón en Florida-, donde habían acordado reunirse, para rememorar tantas gratas vivencias que habían tomado lugar hace más de cuarenta años; era un grupo muy singular, alrededor de cinco o seis ex alumnos de la XXIV promoción, que periódicamente se reunían para tomarse unos tragos y pasar un buen momento conjuntamente con sus esposas, en esta ocasión, se recibía a un gran amigo, al que no se le veía desde hace muchos años, y era un buen motivo para darse una buena comilona.

Tocaron la puerta, al entrar el invitado, se sorprendió, se le veía algo entrado en años, pero con su seriedad característica, sobre todo con algunos mechones menos, se fueron saludando cariñosamente uno a uno

-¡Hola… como estás, estás igualito…!, Lucas sonrió y solo atinó a darle un fuerte abrazo, de repente el visitante volteó y quedó frente a él, aturdido, lo miró por un momento: alto, delgado sin cabello pero con sus lentes inconfundibles; el visitante le preguntó:

-Disculpa..  ¿Tu nombre…? -al  responderle,  nuevamente preguntó:

-¿Mil quinientos, Popotitos?

-Sí -le contestó-… soy yo

Y se estrecharon en un fuerte abrazo, un abrazo que los asistentes asintieron con una sonrisa de satisfacción. Después de cuarenta años volvían a rememorar tantos bellos momentos inolvidables que solo los leonciopradinos, creo, podemos jactarnos con orgullo: esa satisfacción de los momentos de triunfo, camaradería y, sobre todo, unión que persevera a través de los años.
Terminando el agasajo, uno a uno fueron despidiéndose, con mucha nostalgia, por supuesto, cada cual retornaba  a su propio mundo, no sin antes recordar con orgullo la lera del himno

Leonciopradinos…
alto el pensamiento, como una bandera,

encendida el alma, como azul hoguera,

recio el corazón…


PRIMER DIA DE CLASES

 Primer día de clases

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hugopazos24@hotmail.com 

Aunque chalaco de pura cepa, había llegado de la ciudad de Chimbote solo algunos días antes, dos o tres años de su vida los compartió por esos lares, sí, recordaba sus calles, muchas de ellas aún sin asfalto, también venía a su mente el inconfundible olor a harina de pescado, que había convertido a este pueblo en una floreciente ciudad de pescadores e industriales. Era el “boom pesquero” de los años 50, y su padre logró aprovechar esos momentos de bonanza para convertirse en un próspero comerciante.

Salió de su casa, rumbo al que sería su nuevo colegio; en el camino iba degustando un delicioso pan con mantequilla que, amorosamente, su madre le había preparado, solo cuatro cuadras separaban su nuevo hogar, en la segunda cuadra de la calle Colón del Callao, con su nueva escuela. Cuando llegó, le llamó la atención la vieja edificación de madera, realmente muy antigua, ingresó y en el interior había un gran bullicio, niños corriendo de aquí para allá, adolescentes conversando en algunos rincones, y él parado en el patio; dubitativo y algo temeroso. De repente sonó una campana y una voz altisonante mandó a los alumnos a formación. Se paró en una fila, conjuntamente con los niños que serían sus compañeros de clase. Algo le llamó mucho la atención; era un olor muy penetrante, conjuntamente con un brillo muy especial que notaba en el piso del patio del colegio, luego advertiría que se debía al petróleo que habían utilizado para limpiarlo.

Echaba una mirada por aquí, otra por  allá, no conocía a nadie, tenía siete u ocho años de edad, acostumbrado a caminar sin recelo por las calles. Ya era alumno del 1ro. de primaria, llevaba consigo una maletota con sus libros y algunos cuadernos forrados con el infaltable papel azul y “vinifan”, amén de lapiceros, lápices, borradores, tarjadores, además de la infaltable caja de colores, todos estos artículos metidos en una gran cartuchera, el uniforme del colegio, era el inconfundible “comando” color kaki, con su corbatita que se la ajustaba al cuello con una liga, que de rato en rato la jalaba como un resorte.

A su costado, un niño comía con gran gusto un pan con jamonada, de repente se acercaron a él un grupo de alumnos del mismo salón, y  uno en especial, blanquiñoso, “revejido” y con aires de matón, con voz cavernosa y muy pequeño de estatura lo tomó de la solapa, y le susurró algo al oído, el muchachito, asustado, solo atinó a ofrecerle su sanguche, el matoncillo lo tomó y se lo empezó a comer, no sin antes sonreír de una manera muy burlona. Seguidamente, aquel se acercó a Lucas, e intentó hacer lo mismo, solo que esta vez, el pequeño Lucas, al comienzo sorprendido, y luego muy irritado, atinó a darle un sófero trompón en plena nariz, acto seguido, se trenzaron en una bronca descomunal, el pequeño atrevido logró empujarlo, rodaron por el suelo, golpeándose mutuamente, siendo el chato el que llevaba la peor parte, los alumnos que rodeaban a los niños, solo atinaban a vociferar improperios, “!Sácale la mierda!, dale duro a ese huevón…. !” escuchaba Lucas. A los pocos minutos, un fuerte tirón en la oreja lo paró en medio del patio, era uno de los auxiliares de disciplina que había llegado a imponer el orden. Con su uniforme hecho una desgracia, producto del petróleo del suelo, ahora solo era una gran mancha grasosa además del olor característico.

Era el primer día de clases, los alumnos del 5to.de secundaria, lo habían rescatado, al parecer, les cayó en gracia, pues desde ese día, se convirtió en su “mascota”. Casualmente el 1er año de primaria, formaba al costado de los de 5to. Cada día de clases, él los miraba sonriente, y durante todo ese año, gozarían con sus ocurrencias.  Por ese motivo, se ganó un apodo que lo perseguiría toda su vida.

Reencuentro

-!Lucas… le están sacando la m… a tu pata…,  al chato….! -le pasaron la voz…

-¿Donde?..,  -preguntó. 

-En los malacates de 4to…. -Le respondieron.

Raudamente se dirigió a los baños del colegio; cada año tenía su pabellón de servicios higiénicos, eran filas de inodoros, sin puerta, donde los cadetes efectuaban sus necesidades personales, eran llamados “los malacates”. Se acercó al grupo, les hizo una venia, y preguntó:

-¿Qué pasa…?

-¡No pasa nada…! -fue la respuesta mientras pateaban al “perro” (que era como denominaban a los cadetes del 3er año), éste lo miraba con mirada suplicante… lo trataban duramente, Lucas solo atinó a mirar, sin decir palabra, eran de su promoción, solo podía  esperar… hasta que se fueron…

Sudoroso, magullado, un hilo de sangre descendía por la nariz del “chato”, quien, sollozante, solo se quejaba con voz temblorosa:

-¿Dónde estabas, ‘uón… me han sacado la m…. dónde estabas? -Lucas lo miraba, no le contestaba, solo lo miraba, mientras el “chato” seguía llorando y quejándose:

-Eran grandazos… me hicieron hacer planchas, ranas, canguros, me pateaban y golpeaban…. conche’sus madres…

-Chato, no jodas, aquí no puedes dártelas de matón, solo tienes que hacerte el huevón… y nada más… -Le contestaba  Lucas, que era su amigo desde los años iniciales de estudio. El chato, alumno del 3er Año del Colegio Militar, con sus aires de “maloso”, se había encontrado con la horma de sus zapatos, se había ganado la antipatía no solo del 5to año, sino también de los de 4to. Y lo buscaban y perseguían para joderlo y meterle su pateadura por eso, por empalado y matón, lo peor de todo era que no tenía ni cuerpo, ni talla para responder, por ese motivo siempre salía perdiendo, duramente golpeado y lo, peor de todo, que ya lo tenían marcado, ni su amigo Lucas lo podía proteger, las tradiciones del colegio no lo permitían.

El adiós


Totalmente acongojado, recordaba con tristeza su primer encuentro con él, habían pasado ya tantos años, dicho encuentro  había terminado en una “broncaza” a pesar de sus cortas edades. Se harían amigos luego; aunque con recelos, por una parte, el grupo del “chato”, que cometían abusos con los compañeritos del salón, y el grupo de Lucas, que protegía a los mismos.
Se habían reencontrado en el Colegio Militar algunos años después, el “chato” había perdido un año escolar, Lucas se había convertido en  su protector, aquel, fiel a su estilo, con sus aires de maloso, había sido víctima muchas veces de su propio carácter, y no solo se ganó antipatías, sino unas tremendas palizas propinadas por cadetes de años superiores, y cuando estaba en 5to., cometía los mismos abusos que creía que su grado le permitía, aunque algunas veces, recibió algunas pateaduras propinadas por cadetes de año inferior. Recordemos que su cuerpo no le deparaba ninguna ventaja. Y logró terminar la secundaria con mucho sacrificio.

Llevado por sus ímpetus y el dinero fácil, fue cayendo poco a poco en un hoyo profundo del que nunca podría salir, la malas juntas lo llevaron por caminos “non sanctos”

-Loco, cuñao, loquito… ¿como estas ? -recordó su pregunta.

En esa oportunidad, Lucas solo lo había mirado, atinando a ofrecerle un gran abrazo… un abrazo prolongado de amigos de verdad,  se habían visto después de muchos años, y a pesar de las profundas diferencias, se tenían gran cariño… rememoró…

Ese día. El “chato” solo atinó a decir:

-Espérame, ya bajo… espérame… -Luego de algunos minutos, bajó ofreciéndole  un paquete…

-Para ti… Es para ti…

Recordó también ese momento: lo había mirado esbozando una ligera sonrisa, tomando  el paquete y guardándolo, algo nervioso; se despidió y había proseguido su camino, no sin antes pulsear lo que contenía el “paquete”, era un bulto que contenía unas “yerbas medicinales”.

Siguió caminando; haciendo memoria de buenos y malos tiempos, momentos de niñez, de juventud, de jolgorio y también de tristezas, solo pensaba y recordaba, alzó su vista al cielo, y atinó a ofrecer algunas oraciones.
Cruzó la puerta del camposanto y en un momento volteó con un nudo en la garganta, solo pudo pensar,

-Hasta siempre, amigo… Hasta siempre…

(Publicado en el Nº 190 de la Gaceta Leonciopradina)


domingo, 3 de julio de 2022

SEMBLANZA DORADA- TERCER AÑO

 Semblanza dorada – Tercer año

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Rodolfo ‘Tombito’ Mendoza – XVI CMLP

Siento esos deseos inmensos de volver a estar entre los muros de aquel insigne colegio que nos recibiera tan “especialmente” hace cincuenta años. Me veo al igual que mis nuevos compañeros de promoción vistiéndonos de uniforme beige, ajustándonos las correas y amarrando las botas negras que comenzamos a usar por primera vez en lugar de los escarpines que todavía veíamos en los monitores de sección. Cuánto han cambiado ahora estas prendas de vestir. Si vemos a los nuevos cadetes leonciopradinos podemos apreciar que sus uniformes son los camuflados en lugar del beige de nosotros, las botas son del mismo color y una gorra denominada áfrica en lugar de la cristina que cubría nuestras cabezas.

-¡Atención, cadetes de tercer año!… Cuádrese bien, carajo!

Ya no era el auxiliar de nuestros ex centros educativos de procedencia, ahora eran oficiales del Ejercito los que nos dirigían. Fue duro poder asimilar nuestra nueva vida escolar-militar. Nos acostábamos a las 21:00 horas, hacíamos turnos de imaginaria, nos levantábamos a las 6, al toque de Diana que tocaba un soldado que cumplía su servicio militar Tendíamos camas, encerábamos y lustrábamos parte del piso que correspondía al lugar donde se encontraba nuestro camarote. Formábamos en nuestro patio que correspondía al pabellón donde se encontraban nuestras cuadras o dormitorios. De ahí salíamos marchando hasta el patio central donde todos los días pasábamos lista de asistencia.

-¡Tercer año, buenos días!

-¡ Buenos días!

-¡Atención a la Lista!

-¡Atención!
-¡Subordinación y Constancia!

-¡Viva el Perú!

Pertenecía a la primera sección, en la que comencé a conocer primero el distanciamiento por razones de color de piel, por razones de estrato social, por razones de procedencia de colegios particulares o nacionales, por procedencia de provincias y distritos, ya que todo ello nos diferenciaba unos de otros, según creíamos.

-¡Caballeros cadetes!, son ustedes los componentes de una nueva promoción de este prestigioso colegio militar. Pertenecen a la Décimo sexta Promoción, que será la mejor de todas, por ustedes mismos, por el amor a su Alma Mater, por el amor entre compañeros de promoción, por el amor a la Patria….¡Viva el Perú, carajo!

-¡VIVA!

Era nuestro capitán jefe de año, Jorge Ciurlizza de la Guarda, gran hombre, buen caballero, noble, que nos amó como a sus propios hijos. Gracias a él pudimos conocer lo que era la lealtad, la solidaridad y ese sentir sincero de afecto a nuestros compañeros de promoción… Supo compenetrar nuestros corazones. Su figura nunca se borrará de nuestras mentes, lo recordamos siempre: bien cuadrado para dirigirnos, para enseñarnos a ser excelentes soldados, ser buenos estudiantes, no era magnánimo… era justo.

Jamás pude olvidar el bello gesto del DANTE y considero que si bien yo viví esa experiencia, así también mis hermanos conocieron diferentes pero hermosas anécdotas en sufrida, pero hermosa experiencia en el tercer año. Es por ello que recuerdo, cómo, poco a poco fuimos encontrándonos, hermanándonos, cada día que pasaba era una nueva vivencia de un mayor acercamiento entre nosotros y pronto llegamos a ser un contingente compacto, unido y prestos a velar por el compañero de promoción. Atrás quedaron todas las diferencias que al llegar creíamos nos separaba. La triste y temprana partida de uno de nuestros hermanos, golpeó pero endureció también nuestros corazones adolescentes y fuimos aprendiendo que todo en la vida no es felicidad. Tendríamos que luchar y ser fuertes para afrontar nuestra vida del mañana.

 El Día de la Madre fue un grato recuerdo para todos nosotros, vivimos una hermosa actuación de nuestros cadetes artistas y una gran felicidad de nuestras madres. Puedo decir que en esa etapa, ya sabíamos marchar militarmente, ya conocíamos la emoción de saludar a nuestra bandera cuando esta se izaba y también la satisfacción de hacer felices a nuestros padres al llegar a casa, con el cordón rojo de Distinguido o el bicolor de Honor. Además, ya surgían los grandes atletas que nos hicieron gozar la emoción de verlos ganar en las diferentes competencias deportivas internas, en la que participaba la Gloriosa XVI.

Cómo olvidar la primera salida con el hermoso uniforme de botones dorados. Cada uno de nosotros caminaba con prestancia. La admiración que producía nuestra presencia de cadete leonciopradino en nuestros barrios nos llenaba de orgullo y considerábamos que toda esa etapa de novatos, tenía su recompensa. A nuestras noviecitas se les salía el corazón por la alegría de volver a vernos convertidos en todo unos Caballeros Cadetes del Colegio Militar Leoncio Prado.

Qué sensación de satisfacción de nuestros padres al conocer que eramos la promoción con mayor cantidad de Cordones de Honor y Distinguidos desde la fundación del colegio. Cómo sufrimos al no poder desfilar para Fiestas Patrias, pero sabíamos que la postergación hasta el próximo año era necesaria, así lo entendimos y comprendimos que deberíamos esforzarnos más para llegar a tener el honor de participar en un Desfile Militar, representándo a nuestra Alma Mater.
Llegaba el fin del año 1959 y ya habíamos conformado una de las promociones más unidas de la historia del colegio. Nuestro capitán jefe de año y demás instructores militares, se sentían orgullosos de haber formado ejemplarmente a la Gloriosa XVI Promoción. Ha transcurrido medio siglo desde ese gran día en qué nos incorporamos a nuestro querido Centro Educativo. Debido a la modernidad podrán haber cambiado el tipo de uniformes, podrán haber pasado muchas promociones nuevas, podrán no ser ya los mismos rostros, pero nuestros corazones, nuestros sentimientos de hermanos, el amor a nuestras aulas, a nuestras cuadras, a nuestro comedor, a nuestra Perlita, a nuestro Campo Deportivo, a nuestro Patio Central… Siempre estará ahí entre cuatro muros carcomidos por el tiempo cruel e inexorable… Y que siempre continuarán viéndonos y gozando de nuestras travesuras y memorables desfiles, como cuando llegamos a nuestro querido y eterno colegio, en ese hermoso e inolvidable año 1959…¡ El Año de la XVI!

( publicada en el Nª 182 de la Gaceta Leonciopradina)

sábado, 2 de julio de 2022

EL REENCUENTRO: VII PROMOCION

 El reencuentro: VII promoción


Raúl Ishiyama Cervantes VII CMLP

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Los estudiantes adolescentes generan amistades que son imperecederas, a pesar de estar distanciados geográficamente por diversas razones propias de sus quehaceres personales. Los amigos logrados en la adolescencia son las personas con quien uno disfruta de la amistad desinteresada, se forjó cuando ninguno tenía nada que ofrecer, salvo su afecto.

La relación interpersonal se mantiene con quien se aprecia y concuerda con nosotros el afecto y el cariño. Es sin lugar a dudas, una relación propia del humano quien la cultiva durante toda la vida, desde que se tiene uso de razón; es normal en el humano gregario la necesidad del afecto de otras personas.

Los amigos lo son porque comparten intereses similares e inquietudes propias, no es necesario tener los mismos gustos, es suficiente el afecto que se tienen lo que sobrepasa cualquier diferencia. Entre amigos siempre hay temas para conversar.

Los reencuentros de los ex cadetes son interesantes y emotivos por los recuerdos de la adolescencia, que afloran espontáneamente; además por el simple hecho de verse las caras, por algo se convivió durante tres años estableciendo un lazo imperecedero.

Con motivo de finalizar el año, el representante del presidente de la VII, Carlos Moscol nos convocó para compartir un almuerzo en el chifa Wa Lok del club Lawn Tennis,

Asistieron: Benjamín Quea Velaochaga y Sra., Elías H. Cabrera Raffo, Lino C. Lazo Rosas y Sra., Guillermo Rosas Ruiz, Marciano Rengifo Ruiz, Raúl Ishiyama Cervantes, Rolando Acosta Trujillo, Jorge Luna Victoria Romero, Jorge A. Vargas Rodríguez, Luciano Baquerizo Zuzaeta, Juan Torres Vallejo, José Veliz Márquez, Enrique Cáceres Sevilla, Pablo Ochoa Jurado, Jaime Polar Corrales, Guillermo Sánchez Vera y Sra., Mario Peña Peláez, Leonardo Lavado Mayorca y Carlos A. Moscol León y Sra.

En este pequeño grupo se refleja el producto intelectual inculcado en el colegio, todos profesionales emprendedores: un General de la Guardia Civil, tres agrónomos, un Constructor, dos empresarios, un General de División EP, cinco médicos, un Mayor EP, un Literato, dos ingenieros mecánicos, un Contador Público y un Biólogo.

En la actualidad, todos son cesantes, culminaron sus tareas profesionales están por sobre los ochenta años, algunos siguen en actividad con la finalidad de continuar al servicio de la comunidad, lo que les permite, entre otros, sentirse y mantenerse joven de corazón, de mente y de espíritu.

Ante la pregunta, cuántas secciones están presentes, muy pocas, lo que llamó la atención fue que seis que asistieron pertenecieron a la décima sección.

Todos destacados profesionales en su especialidad, prestigiando al glorioso colegio que nos formó en la parte inicial de nuestras vidas que agradecemos, en particular a los excelentes profesores que nos inculcaron respetar y aplicar el lema “Disciplina, Moralidad y Trabajo”; además de motivarnos hacia el estudio para lograr triunfos futuros.

La presencia de las esposas de algunos compañeros dio el toque familiar a la reunión, ellas siempre destacan con su presencia haciendo más ameno el rencuentro; además de ser, en cada caso, las impulsoras del éxito de sus parejas.

Luego del almuerzo, se formaron grupos cuya conversación generalmente derivó en los recuerdos de los años mozos, comentando sobre las acciones actuales, preguntando por tal o cual compañero. Esos tres años compartidos con experiencias, alegrías y algunas tristezas, al recordarlos nos hace rememorar aquellos años en donde no había intereses, no teníamos nada que ofrecer, recién nos estábamos formando como personas; lo que sí, sin notarlo, se fue afianzando el aprecio entre nosotros, unos de mayor intensidad que con los demás.

El Colegio Militar tiene como valor fundamental la disciplina, acción básica en cualquier acto de la vida; moralidad que permite ser una persona de bien en beneficio de los demás y trabajo para lograr triunfos.

Ex cadetes Leonciopradinos, los que figuran arriba así como la totalidad de la Sétima Promoción, les deseamos una ¡Feliz Navidad!, con la esperanzao que el 2017 sea mejor.

¡Alto el pensamiento!

ABRIL2011

(PUBLICADO EN LA GACETA LEONCIOPRADINA)

CESAR ALTAMIRANO

 César Altamirano

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Rodolfo Mendoza 

tombitocmlp16@yahoo.es

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Eran las 8:00 horas y el avión partía rumbo a los Estados Unidos de Norteamérica. César Altamirano miraba por la escotilla y observaba su Callao querido: La calle Buenos Aires, testigo de sus travesuras de niño,  la Plazoleta donde muchas veces se reunía con sus amigos de la infancia, la banca donde tantas veces se sentaba abrazando a su primera noviecita. Sonriendo, se acordó de sus diez años de edad y del “gordito” Benavente, de cómo jugaba pelota con el “negrito” Rufino y, suspirando hondamente, se extasió al ver imponente al gigante, allí, al borde del mar, entre la av. Costanera y la av. La Paz, en la Perla Callao. Era el Colegio Militar Leoncio Prado. Se mojó el labio inferior con la lengua, como era su costumbre, y recordó, entonces, el primer día en su Alma Mater, el día de la incorporación, cuando llegó con sus familiares  y encontró con la alegría y sonrisas adolescentes de Carlos Aponte, Luis Moyano, César Orjeda, Manuel Escobar, Samuel Pecho, Luis Bazalar, Carlos Córdova, Luis Garibaldi, Alfredo Deza, Walter Díaz, todos “chalacos” como él. Suspiró profundamente, cerró sus ojos castaños y se recostó en el asiento que había reclinado hacía atrás. Entonces vino a su mente, cuando se presentó por primera vez en el escenario del auditórium para cantar con la orquesta del Colegio. No se imaginaba entonces que llegaría a ser un cantante de fama internacional.

Esta vez no era un viaje de compromiso artístico. Era un viaje de lucha contra el destino, contra la adversidad.

¡Personal, pongan atención al llamado de sus monitores!

¡Conforme vayan escuchando sus nombres y apellidos, se van colocando detrás de sus brigadieres en columna de a tres!

-Aponte Carlos, Altamirano César, Narváez Alfredo, Marusic Jorge, Mojovich Daniel, Hubner La Torre, Torres César, Málaga Héctor, Kanashiro Jorge, Zúñiga Sergio, Villa Ricardo, Hurtado Juan, Villalobos Jorge, Artieda Rafael…

Lejos estaba el recuerdo de la orquesta musical que dirigía el padre de César Altamirano Alcázar, él como varios de sus amigos de la Provincia Constitucional del Callao, habían logrado ingresar al primer Colegio Militar de la República. Lejos le parecía ahora las atenciones de su querida madre. Lejos estaba el recuerdo de sus amigos del segundo año de secundaria. Ahora se encontraba en el Colegio Militar Leoncio Prado. Ahora él, era lo que tanto había soñado: Un cadete leonciopradino. Muy pronto vestiría su uniforme. Muy pronto viviría bajo el régimen militar que tanto deseaba conocer.

-¿Quién ha respirado carajo, usted cadete? Refunfuñaba el monitor de sección.

-¡No, mi monitor… ¡Yo no, mi monitor!

-¡Nadie debe respirar cuando ingresa su monitor… ¡Nadie se mueva!

-¡Al suelo, carajo!… ¡En posición de planchas!

-¡Todos, todos, carajo!… ¡Al suelo todos!

Y así, César Altamirano y sus compañeros de sección, se tiraron al suelo y sosteniéndose con sus dos manos, levantaban su cuerpo, una y otra vez hasta llegar unos a cinco otros a diez y los más fuertes hasta veinte.

- ¡Así que estos perros quieren ser cadetes y no pueden ni con su alma!

- ¡Todos a formar en columna de a tres, en el patio!

- ¡Corran… corran, carajo… ¡Quiero un último en formar!

Todos formaron y todos salieron a marchar, dando vueltas y vueltas en el estadio. No se acababa, no podían rendirse. No se podía parar…

- ¡Que bacán, que alegría, que felicidad, y somos leonciopradinos, y somos militares joderse, muchachos! -Nos vacilaba el Búho Alfredo Narváez.

- ¡Cállate Búho, cállate o te rompemos los anteojos! susurraba el Chueco García Novelli.

- ¿Oye Mono, ¿qué pasa, ya no puedes seguir?  -le preguntaban a César.

- No friegues, César Elías, yo soy chalaco y aguanto cómo macho.

Y nuestro ángel cantor, conoció lo que era ser novato del colegio militar, conoció entonces lo que era estar juntos en los castigos, juntos en los ejercicios, juntos en la experiencia, juntos en la formación, juntos en el comedor, juntos en el aula, juntos en la unión, juntos en la lealtad, muy juntos en la solidaridad.

Dos Fly Hostes, miraban a César Altamirano, murmuraban y se reían e interrumpiendo los hermosos recuerdos del mono.

-Disculpa, César, podrías regalarnos tu autógrafo…

- ¡Claro, sí claro,  encantado y gracias, amigas!

- ¿Sabes a mí, me encanta escuchar como cantas “A tu vera” y a mi amiga Jennifer la canción “Todo empezó como jugando”.

 -¡Gracias mis queridas amigas, muchas gracias!

César guardó su estilógrafo y más que una sonrisa era una mueca hacía la derecha la que hizo su boca, como siempre, como en el colegio militar. Volvió a suspirar, cerró sus ojos, quería volver a sus inolvidables recuerdos de los años 1959 – 1961. El avión se samaqueaba, parecía no querer llegar a su destino, parecía querer perennizarse en los cielos. Ahí, entre las nubes, perderse de la realidad, del destino, del destino cruel y perverso.

Debía llegar a Nueva York, para efectuarse un examen médico a su cansado corazón, no podía dejar de pensar en los múltiples compromisos pendientes, los empresarios artísticos, llamaban a su representante. Existían cada vez más solicitudes de contratos. César Altamirano, se había convertido en uno de los más claros exponentes de la canción latinoamericana. Su fama internacional cada vez era más exitosa, había logrado con su gran talento el sueño que de niño lo acompañó siempre. Volvió a recostar su cabeza en el asiento de la nave…

Altamirano-¡Oye monito, no te chupes, vamos a demostrarle a todos los asistentes que somos unos grandes artistas –Era Hugo Moreno, quien destacaba como un gran bailarín y sonero de nuestra orquesta leonciopradina–. Vas a cantar como nunca Mono, quiero verte como un grande, como un grande, monito.

César, como siempre, hizo una mueca hacía la derecha. Se celebraba el Día de la Madre y había una gran expectativa.

-No te preocupes Hugo, hoy los “chivos” y las “vacas” –cadetes de cuarto y quinto año– nos van a conocer y se darán cuenta que la XVI, también tiene sus buenos artistas.

Y nuestro ángel, nuestro “monito cantor”, salió y cantó como si fuera un consagrado, tenía en sus venas sangre de trovadores, sangre de artistas, sangre de los Altamirano y Alcázar. Claro, era uno de los grandes hijos del Barrio Chalaco, cuna de pescadores, de grandes futbolistas y grandes bohemios.

El auditorio del colegio explotó en aplausos. Los presentes: padres de familia, el Coronel Director y su plana de oficiales, profesores, instructores, cadetes y público en general, quedaron sorprendidos por la magnífica interpretación de nuestro hermano. No lo sabíamos entonces, pero había nacido un grande… ¡Un grande de la canción internacional:  CESAR ALTAMIRANO! Su nombre muy pronto estaría en las mejores marquesinas de los grandes teatros de América Latina.

-Ya vuelvo César, permíteme ir a buscar a quién nos han recomendado, vuelvo enseguida.

Era su representante artístico, tenía que contactarse con el médico que haría el examen a nuestro querido hermano. Miró el hospital por dentro, todo era un ir y venir de doctores y enfermeras, las camillas pasaban y el cuerpo de César se estremecía. Comenzó a querer retirarse, no podía dejar de reconocer que el miedo se apoderaba de él. Volvía a sentir ese ahogo que lo hacía estremecer, que lo hacía sentir miedo de no regresar para continuar cantando las canciones que lo hicieron llegar al éxito, a la fama internacional, que lo envanecía y llenaba de orgullo como hombre, como artista.

-¿Disculpe, sábe usted si en este consultorio, atiende la obstetra Sara Domínguez?

El ángel cantor, alzó la mirada y vio una mujer en estado de gravidez, pero una fuerte luz que destellaba, posiblemente por los rayos solares que se diversificaban, al introducirse por las rejillas de una ventana que se encontraba en la pared que daba hacía los jardines de esa zona no le permitieron verla directamente, su imagen se veía resplandeciente y con un aura que bordeaba todo su cuerpo, entonces se paró y cedió el asiento a la mujer.

-Disculpe usted, señora, no conozco a nadie, pero por servicio tome usted asiento.

-Gracias joven, es usted muy amable, es muy seguro que este sea el consultorio, voy a esperar. Pero aquí hay otra silla, acompáñeme usted, tenga la amabilidad. ¿Dígame cómo se llama y de dónde viene?

-Este… me llamo César Altamirano y vengo del Perú, para un examen al corazón y creo que este consultorio, no me corresponde.

-Sí, hijo, sí te corresponde estar a mi lado. Vamos, convérsame de tu hermoso país y si fuera posible cántame una de tus hermosas canciones. ¿Qué es lo que más te agrada revivir de tu vida?

-Ah, me conoce usted, discúlpeme, pero me encuentro un poco nervioso por lo del examen, sabe tengo, tengo…

-¿Miedo?.. Hijo mío.

Pudo entonces ver el hermoso rostro de la dama, su mirada era tierna y dulce.  Ella inspiraba una sensación de paz y tranquilidad.  Se sentía protegido, se sentía reconfortado, sobre todo cuando esas delicadas manos acariciaban su rostro. Sus nervios fueron entonces tranquilizados. Todo el miedo que sentía se evaporó y de su fatigado corazón, se calmaron las aceleradas palpitaciones que lo hicieron levantarse y tomar de los hombros a la hermosa mujer y con su hermosa y melodiosa voz, comenzó a cantarle “Única Tu”. María, conmovida, abrazó a César, lo besó en el rostro, acariciándolo y tomándolo de sus manos, lo guió y guió hacía adelante, hacia  el Paraíso, con él, con el Dios todopoderoso.

Su representante, al escuchar la voz inconfundible del gran cantante, bajó aceleradamente por las escaleras y al llegar al piso que correspondía, pudo ver la figura de dos personas que cruzaban el umbral de la ventana, se sobó los ojos y creyó ver cómo las dos siluetas cubiertas por una luz resplandeciente, se elevaban hacía el cielo, hacía el Jardín de la Gloria.

 Altamirano¡ Cesar Augusto Altamirano Alcazar, nacio en el Callao el 20 de mayo de 1944.

Hijo de Cesar Augusto Altamirano Schwartz, director de la entonces afamada orquesta “Cesar Augusto y sus locos del Mambo” en la época de los años 40., y de doña Consuelo Alcazar Alfaro, ambos chalacos. Fue el primero de cuatro hermanos; le siguen Isabel, Angélica y César Ismael.

Desde muy niño, casi antes de los tres años ya mostraba sus dotes de cantante ya que entonaba “monalissa” a duo con su tía Carmen Alcázar, hermana de su madre. Quién diría que más tarde y después de tanto cantar esta canción, el mismo sería apodado “el mono” .La música le corría por las venas dado el hecho de que aparte de ser su padre un excelente músico autodidacta, su tío Ricardo era cantante lírico.

En las navidades de 1957, a sus escasos 13 años, pierde a su padre, y su madre contrae segundas nupcias con el que llegara a ser su padre político, don Carlos Montalva.

Estudió en el Colegio George Washington y terminó su secundaria en el Colegio Militar Leoncio Prado, siendo considerado un excelente alumno. Llegando a ser monitor de la XVI promocion, al mismo tiempo que mostraba sus grandes dotes de buen cantante integrando la orquesta del Colegio Militar.

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Siendo aún estudiante, su tío Fernando Alcazar, reconocido pianista chalaco, lo lleva a un sello disquero a suplir a un cantante y es así como en el año 1961 graba las canciones “Rosa” y “15 años tiene mi amor” las cuales serían un éxito total a lo largo de su carrera.

Después postula e ingresa a la Universidad de Ingeniería pero posteriormente su primo Luis lo convence de participar en el concurso “Cancionísima” . Es allí donde empieza su fama y es solicitado para cantar en público y hacer presentaciones a lo largo de todo el país y en el extranjero.

En enero de 1964 empieza su carrera en el Canal de Panamericana Televisión realizando giras por Centro América, llegando a ser declarado ganador absoluto del Primer festival Internacional de la Nueva Ola con el tema “Corazon”. Participó después en el festival OTI donde demostró su gran talento y potente e inigualable voz al mundo.

https://youtu.be/HNk_TFWwjpE 


https://youtu.be/Wa3oswrQzQk 

  En el año 1968 gana el Festival de la Primavera en Trujillo con el tema “Juego de Amor” (Todo empezó como jugando como la conocen muchos admiradores) del desaparecido compositor Freddy Roland. 

https://youtu.be/LrnciLf73BE 

Habiéndose casado con la modelo y actriz “Cuchita” Salazar Repetto nacen sus hijos Sandro Cesar y posteriormente dos años más tarde nace Diego Cesar. Cuchita ya tenia un hijo el cual César amó y cuidó como suyo propio llamado Rafael.

Continúa su apoteósica carrera y viajes internacionales sin parar y después de 11 años de matrimonio se divorcia de Cuchita. Viene un tiempo de receso en su carrera hasta que inicia su trabajo en la creación de su nuevo disco y es así como populariza las canciones “Silencio” y “Voy a perder la cabeza por tu amor”, temas también grabados por Jose Luis Rodriguez “El Puma” con las cuales resurge su carrera artística.

 En una de sus giras conoce a Maria del Pilar Portocarrero Zanetti quien fuera su segunda esposa y con quien tuvo dos hijos: Carlo Cesar y Maria del Pilar.

Su carrera continuaba exitosamente por el Perú y el extranjero, donde en el año 1993, en el mes de mayo, viaja a hacer unas presentaciones por Estados Unidos donde un 4 de julio, en una de sus presentaciones sufre un colapso y es llevado de emergencia a un hospital local. Al tercer día de haber sido intervenido quirúrgicamente, el 9 de agosto, fallece de un infarto en la ciudad de Nueva York.

Fue un excelente hijo, padre, hermano, tío y amigo. Declarado, además, “Hijo Predilecto del Callao” en donde una de las calles del Callao se engalana con su nombre.

Es así como se apaga para siempre la voz más grande que ha tenido el Perú.


https://youtu.be/qwJhE2bNoZA

(PUBLICADO EN LA ANTORCHA LEONCIOPRADINA)

ANTORCHA LEONCIOPRADINA DE LA XVI PROMOCION

                                  ANTORCHA LEONCIOPRADINA                               ...